Existen estudios que vinculan la morfología de los embriones y los tiempos de división de las células con posibles alteraciones genéticas. Sin embargo, a día de hoy, la única técnica que aporta información relevante es el Análisis Genético Preimplantacional.

Maria Velasco, Embrióloga

Maria velasco, embriologia IVF Donostia

Durante los últimos años, han sido muchos los avances que se han dado en las técnicas de reproducción asistida. Su crecimiento se ha dado tanto en aspectos de diagnóstico de las parejas como en distintas técnicas que contribuyen a la eficiencia del tratamiento. Sin embargo, la mejora en los resultados de niño sano en casa, nuestro principal criterio para valorar el éxito del tratamiento, se debe, en su mayoría, a la mejora en la selección del embrión más competente.

Para los embriólogos, existen distintas características de los embriones que nos ayudan a analizar cuál de ellos tiene mayor tasa de implantación, como la calidad morfológica y los tiempos de división de las células. No obstante, la característica más importante para conseguir un niño sano en casa es la genética que porta el embrión.

Los humanos, tenemos una dotación cromosómica de 23 pares de cromosomas. Se sabe que la edad de la mujer, así como la infertilidad masculina severa, aumenta el porcentaje de embriones con alteraciones en el número de cromosomas. En consecuencia, podemos tener embriones que pueden presentar cromosomas de más o de menos, en resumen, una dotación diferente a 46 cromosomas.

Algunas de estas alteraciones pueden llegar a término, como es el caso del síndrome de down, pero en la mayoría de los casos cuando los embriones están cromosómicamente alterados no se consigue el embarazo, o termina interrumpiéndose en etapas tempranas de desarrollo (abortos).

Perder un bebé durante el embarazo es duro, y en el caso de las personas que acuden a Reproducción Asistida con toda la ilusión depositada en el tratamiento, se convierte en un gran golpe emocional. Es nuestra obligación como profesionales intentar evitarlo siempre que se pueda.

> Entrevista: “Si no hubiera sido por el estudio genético, todavía seguiría intentando quedarme embarazada."

Técnicas como el PGS (Screening de aneuploidias), nos han permitido analizar la dotación cromosómica de los embriones previa a su transferencia. Esto nos ayuda a seleccionar aquellos embriones que sí tienen posibilidades de resultar en un embarazo a término. La técnica consiste en realizar una biopsia de los embriones en estadio de blastocisto (día 5 de desarrollo). Esta biopsia se realiza extrayendo unas poquitas células del embrión para analizarlas.

La técnica está muy establecida en los laboratorios, y la supervivencia del embrión está garantizada. Las células que se extraen para analizar son del trofoectodermo, que son aquellas células que van a dar lugar a la placenta, es decir, no afectan al bebé. Sin embargo, la biopsia embrionaria sigue siendo una técnica invasiva. ¿Existe la posibilidad de conocer la dotación cromosómica de los embriones de forma no invasiva?

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Como he comentado previamente la morfología y los tiempos de división de las células son parámetros que asociamos a la competencia embrionaria. Sin embargo, ¿nos aportan información sobre su genética?

La bibliografía que encontramos al respecto es bastante controvertida. Existen artículos que asocian las características morfológicas a alteraciones cromosómicas, como son el número de células que presenta el embrión durante su desarrollo o el porcentaje de fragmentación. Sin embargo, otros estudios no han encontrado relación directa entre los parámetros morfológicos y la genética.

Con respecto a los tiempos de división ocurre algo similar. En los últimos años, y gracias a la introducción de los sistemas time-lapse, como el sistema Eeva, se le ha dado un papel protagonista a la morfocinética de los embriones. Gracias a su estudio, hemos podido clasificar aquellos embriones con altas probabilidades de evolucionar hasta día 5 de desarrollo, que son los embriones que realmente embarazan. Sin embargo, aunque existan publicaciones asociando estos tiempos de división con alteraciones en la dotación cromosómica, no existe unanimidad, por tanto, este criterio no se puede utilizar de forma concluyente.

Con todo esto, podemos concluir que actualmente la única técnica que nos permite conocer con exactitud la dotación cromosómica de los embriones sigue siendo la biopsia embrionaria. Puede que en un futuro no muy lejano, los nuevos avances nos permitan mejorar en este sentido, pudiendo conocer la genética de los embriones de forma no invasiva.

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